Tengo la fortuna de trabajar en lo que me gusta: juntar escritores para una fiesta literaria. Quizás para algunos podría resultar aburrido, imaginarán un grupo de envejecidos señores, de gafas gruesas, que hablan sobre la relación espacial entre la demencia de Don Quijote, de Cervantes, la transparencia espectral de los personajes en Pedro Páramo, de Rulfo y la abducción de Remedios la Bella, de Márquez. Se equivocan, los escritores son personas que tienen mucho que contar, hablar y en su mayoría tienen un gran sentido del humor. Centroamérica está de fiesta, y mi país Nicaragua es el anfitrión, no solo de las letras centroamericanas, sino de otras latitudes que apuestan por nuestros narradores a quienes les ha tocado una realidad en este continente comparada a la de Cenicienta, la cultura en nuestros países le ha tocado trapear las cenizas de la historia y nunca es invitada a los festines del poder económico y político. Escribir en una región que impera la extr...